
Hace dos años, pasé la Nochebuena, mal, me armé de valor y asistí a la cena en casa de un familiar en alegre reunión entre cuñados. Padecí unas dolorosas hemorroides que hasta la doctora se puso la mano en la cabeza. Tenía que llevar como ortopedia de compañía un flotador. Trataba de sonreír como si nada pasara, por prescripción médica sólo bebí de primero un consomé; comí acelgas mezcladas con huevo y nada de probar los dulces. Los demás se hartaron de todo tipo de comidas y turrones como es habitual en esta noche.
Este año,una semana antes de la Nochebuena, he tenido que sufrir dos días en cama: un catarro o una gripe y, ahora, tengo siete herpes en el labio inferior, parece un labio grueso de hombre negro del Sahara. Al verme entrar los familiares algunos me dijeron: "siempre te tiene que pasar algo en Nochebuena", creo que este tipo de comentarios son exagerados. Comí de todo con alguna pequeña molestia pero no pude besar a las mujeres y a los niños, si acaso arrimaba la mejilla y ya está.
Cada año se ocupa una mujer del menú. Por lo que anoche con mucha ilusión una mujer nos trajo "Piña a la verbena": media piña rellena con salsa rosa, mariscos, trocitos de piña y lechuga picada. De segundo: rape con salsa y pasas.El postre tarta de queso y después los turrones etc.
Cantamos algunos villancicos y jugamos a los bolos en juegos del televisor.