
Casi todos los días suelo visitar un parque, lo hago por varias razones: por hacer unos ejercicios físicos, por relajación, alimentando mi mente a través de la vista y por conversar un rato con un jubilado que, casi siempre lo encuentro sentado en un banco de madera, presenciando a los que hacemos ejercicios en unos aparatos que instaló el Ayuntamiento para practicar la gimnasia.
No se considera viejo, se jubiló por una enfermedad que él llama de nervios. Dice que es de herencia de su padre, reconoce que su hijo también la tiene.
Fue un buen carpintero, un día vinieron de fuera, le propusieron trabajo en otra provincia y aceptó, porque aquí no lo tenían asegurado. Estuvo algunos años allí. Él siempre ha sido buen cantante, ganó algunos premios.
Ya no canta, no se acuerda de las letras. Cuando se levanta por la mañana se pone muy malo, se cree que se va a morir y, como dice él, "no estoy malo, es una tontería de mi mente". Ha estado ingresado en un psiquiatrico; allí ha visto muchas desgracias. Cuando va al Centro de Salud no puede aguantar esperar su turno, por lo que, se cuela, con las consiguientes protestas de los pacientes; reconoce su culpa, y ya cuando el doctor lo ve paseando por el pasillo... sale y dice: "que entre ese señor".
Es grato pasar un rato con él, necesita ser escuchado. Un día caí al suelo haciendo unos ejercicios y él corrió para ayudarme. Observo que me aprecia mucho, creo que necesita mi presencia todos los días... formo parte de sus ocupaciones distribuidas cada día.
Teme que su mujer muera antes que él, es persona muy sensata. A estas personas jubiladas siempre les digo que se van a morir sin usar Internet, que es el invento más importante y a ellos les vendría muy bien; un día llegaron dos jubilados y decían que están aburridos, que lo pasan mal, que les gustaría volver a la vida laboral.
No se considera viejo, se jubiló por una enfermedad que él llama de nervios. Dice que es de herencia de su padre, reconoce que su hijo también la tiene.
Fue un buen carpintero, un día vinieron de fuera, le propusieron trabajo en otra provincia y aceptó, porque aquí no lo tenían asegurado. Estuvo algunos años allí. Él siempre ha sido buen cantante, ganó algunos premios.
Ya no canta, no se acuerda de las letras. Cuando se levanta por la mañana se pone muy malo, se cree que se va a morir y, como dice él, "no estoy malo, es una tontería de mi mente". Ha estado ingresado en un psiquiatrico; allí ha visto muchas desgracias. Cuando va al Centro de Salud no puede aguantar esperar su turno, por lo que, se cuela, con las consiguientes protestas de los pacientes; reconoce su culpa, y ya cuando el doctor lo ve paseando por el pasillo... sale y dice: "que entre ese señor".
Es grato pasar un rato con él, necesita ser escuchado. Un día caí al suelo haciendo unos ejercicios y él corrió para ayudarme. Observo que me aprecia mucho, creo que necesita mi presencia todos los días... formo parte de sus ocupaciones distribuidas cada día.
Teme que su mujer muera antes que él, es persona muy sensata. A estas personas jubiladas siempre les digo que se van a morir sin usar Internet, que es el invento más importante y a ellos les vendría muy bien; un día llegaron dos jubilados y decían que están aburridos, que lo pasan mal, que les gustaría volver a la vida laboral.