Las vacaciones en Benidorm son las más completas; tengamos en cuenta el placer de bañarse en las aguas de sus bonitas playas sin que estén frías.
"¡Cómo pasa el tiempo!", nos decía una mujer nativa de allí que, conoció Benidorm como un pueblito antiguo y rodeado de olivos.
Los hoteles son buenos en calidad y precio debido a la mucha competencia, muchos tienen música en directo y actuaciones. Les gusta que pasen los no residentes a presenciar tan digno entretenimiento. Por lo que, se puede ver una actuación a las 10´30 y otra a las 11´30 en otro hotel.
Los paseos alimentan a la vista y es un buen ejercicio para el cuerpo.
En el restaurante del hotel me sentí muy observador mirando a los humanos, en la comida demostramos nuestra forma de ser, el comportamiento nos dice la calidad de nuestra educación.
Me creo que soy el único que forma juicios y sedimenta criterios, -cada uno está ensimismado en lo suyo-pero esta vez, una mujer extranjera también miraba a todos y dirigía su vista a todos los lugares, yo la observaba a ella. Una vez enfoqué hacía ella y resulto que me miraba a mi con una sonrisa, curioso: el observador observado.
Visitamos Guadalest -que me lo había recomendado el bloguero Jose Caselles- fue una preciosidad, un pueblecito de tan sólo dos calles, en las montañas, con su castillo y su lago. Un autobús urbano lleva a los viajeros hasta allí, y espera unas dos horas para hacer el regreso.
Es la tercera vez que visitamos esta zona, seguro que volveremos el año que viene.
Los paseos alimentan a la vista y es un buen ejercicio para el cuerpo.
En el restaurante del hotel me sentí muy observador mirando a los humanos, en la comida demostramos nuestra forma de ser, el comportamiento nos dice la calidad de nuestra educación.
Me creo que soy el único que forma juicios y sedimenta criterios, -cada uno está ensimismado en lo suyo-pero esta vez, una mujer extranjera también miraba a todos y dirigía su vista a todos los lugares, yo la observaba a ella. Una vez enfoqué hacía ella y resulto que me miraba a mi con una sonrisa, curioso: el observador observado.
Visitamos Guadalest -que me lo había recomendado el bloguero Jose Caselles- fue una preciosidad, un pueblecito de tan sólo dos calles, en las montañas, con su castillo y su lago. Un autobús urbano lleva a los viajeros hasta allí, y espera unas dos horas para hacer el regreso.
Es la tercera vez que visitamos esta zona, seguro que volveremos el año que viene.