
Desde aquel comentario que hice a un relato de Belkis, pienso que debo matizar el motivo de mi sonrisa ante una pareja que muy graciosamente bailaba de forma incorrecta.
Era una academia de baile de salón, algunas parejas las formaban dos mujeres, una tenía que hacer de hombre. Es lamentable que sus maridos por diversos motivos no acompañaran a sus esposas.
Muy pronto me percaté de que una pareja formada por una mujer y un hombre unidos en matrimonio, no hacían bien los pasos.
Nadie se daba cuenta que llevaban un ritmo diferente, una danza a su aire, a veces parecía que él hombre alto, daba unas zancadas largas y finalizaba con un "juntapiés" como a la voz de firmes en el ejército; siempre a punto de perder el equilibrio. ¡Algún día se cae! Ella más o menos igual. Mi risa no tenía mala intención. Varias veces intenté de enseñarles.-¿Pero Dios mío, es que ni el profesor ni nadie se da cuenta? -¿Tan observador soy? -Estos pobres están protagonizando un espectáculo de humor, qué ni profesionales lo harían mejor.
Fueron pasando algunos días y ya, el personal, se iba dando cuenta que allí pasaba algo anormal, hasta que días después todos reían de ver la pareja, al parecer torpe. Me siguió pareciendo incorrecto que el maestro no corrigiera a la citada pareja.
El profesor nos dijo que no deberíamos de reírnos de un unos compañeros que lo estaban haciendo mal. Ante unas dudas nuestras, el profesor respondió: -" Esta pareja no tienen sentido del ritmo, que es como una enfermedad o defecto de nacimiento, es imposible enseñarles, jamás lo podrán comprender".
Un día fueron tan graciosos los pasos de esta pareja que, el profesor se dirigió junto al hombre, y cara a cara, junto a él, apoyando sus manos en sus hombros, sin poder contenerse, reía y reía a grandes carcajadas de forma continuada.
Al día siguiente dejaron de asistir a las clases por dolores de rodillas.